El Poder de los Nombres

El nombre es prácticamente el primer elemento que hay en cualquier ficha de personaje de cualquier juego y, curiosamente, suele ser uno de los últimos espacios que se completan, uno de los últimos detalles, a modo de guinda del pastel. Muchas veces los nombres que escogemos para nuestros personajes son un resumen de lo que son, un reflejo de su profesión, de su raza, de un rasgo identificativo… Casi como si sus padres, al nacer, hubieran dicho “este bebé tiene aspecto de que va a ser un mago de fuego, así que le vamos a poner Pyros Flameburst”. 

Lo cierto es que los nombres tienen importancia en el rol, tanto los propios como los ajenos. Bueno, en el rol y en todas partes. Los nombres, en cierta medida, nos definen, aunque muchas veces sea sólo porque nos han acompañado mucho tiempo. Un cambio de nombre suele tener que ver con un renacimiento o con un cambio importante, a veces también con querer dejar algo atrás. Los nombres, sin que medie magia de por medio, son poderosos, y así lo ha sabido la humanidad desde sus inicios. 

El Poder de los Nombres
The Old Sorcerer, de Vandrell

Así pues, siempre resulta interesante indagar acerca del nombre de los personajes, o considerar los nombres como algo importante dentro de la narración, de las historias que se crean para jugar con ellos. No tanto la importancia de hablar de los nombres en sí, sino entrar a valorar su significado, incorporar elementos culturales a las partidas que dependan de ellos o, en efecto, otorgarles un valor incuestionable: darles poder.

Históricamente, si atendemos a los cuentos clásicos y al acervo popular de la magia, los nombres tienen mucho poder. Conocer el nombre de algo o de alguien, te daba poder sobre esa cosa o persona. Por ejemplo, en la Biblia, en el Génesis, es el hombre el que le pone el nombre a todas las bestias y aves (bicho de piedra, bicho de agua…), lo que, de alguna forma, lo eleva respecto al resto de criaturas de la creación. De hecho, la Biblia describe la creación como a Dios nombrando a las cosas y dotándolas de ser. Manteniéndonos dentro de la cultura judeocristiana, para los judíos los nombres existen de forma previa a las cosas, tienen entidad por sí mismas, y el hecho de nombrar implica no inventar, sino reunir la existencia de un nombre previo con su cosa. Así, son los nombres moldean y dan forma a las cosas, definiéndolas y afectándolas.

Este concepto de creación a través de las palabras y de los nombres se encuentra también en otras civilizaciones, como la egipcia, en la que el dios creador (el que tocara según la dinastía) había formado el mundo a través de su palabra, creándolo a medida que nombraba las cosas que contenía y, de hecho, del caos primordial surgió este dios creador que únicamente toma conciencia cuando se da nombre a sí mismo. Y la lista sigue: la Antigua Grecia, en la que las palabras, especialmente el canto y la poesía eran depositarias de la magia (el primer bardo occidental fue Orfeo); el Imperio Maya… Palabras y nombres son siempre sinónimo de poder, ejemplos de cómo el conocimiento sobre las cosas te da poder sobre esas cosas.

En el folklore popular, conocer el nombre de alguien te da poder sobre él. Por ejemplo, en el cuento alemán de Rumpelstiltskin, este cruel personaje sólo se irá y desistirá de su empeño de llevarse al niño si la madre acierta con su nombre. Ursula K. Le Guin centró una de sus obras capitales, Terramar, alrededor de este concepto, el poder que tenían los nombres y en la magia, conceptos que cogió prestados Patrick Rothfuss para El Asesino de Reyes, pero sin el poso mitológico de Le Guin, una de las escritoras capitales del género de la fantasía de todos los tiempos.

Posiblemente todo esto de los nombres tiene su origen en que el ser humano sólo conoce a una especie que sea capaz de hablar: el propio ser humano. Esto nos hace especiales, únicos. Hablamos y nombramos a las cosas, y eso, de alguna forma, lo hemos traducido en que nos consideramos superiores. Por lo tanto, si lo que distingue al ser humano es el habla, debe haber cierto poder en ella, algo mágico. Es la idea de que el conocimiento sobre algo nos da poder sobre ese algo.

El Poder de los Nombres - Tiefling
Mollymauk fanart, de shalizeh7

Todas estas ideas pueden ser usadas en el rol para contar historias y, de hecho, funcionan realmente bien. El nombre que tenemos todos es, en la gran mayoría de los casos, impuesto por nuestros padres, pero en el rol somos nosotros los que escogemos el nombre de nuestros personajes y le dotamos de un significado especial, ya que en muchos casos son nombres con una intencionalidad. Alterar y hacer evolucionar los nombres puede ser un motor de generación de historias y de desarrollos de personajes bastante interesante. 

Día del Nombre

Empecemos con algo muy sencillo: el Día del Nombre. Nosotros lo llamamos cumpleaños, hacemos fiestas, nos reunimos con amigos y abrimos regalos, pero en una partida de rol puede dar mucho juego. Podemos tratarlo como el típico "capítulo de la playa", una distensión entre tanta aventura y salvar el mundo; o bien podemos preparar tramas alrededor de la posible fiesta, centrándonos en los aspectos sociales del juego.

El Día del Nombre es una buena fecha para que uno de los jugadores reciba una herencia desconocida, algo que tendría que ser entregado en ese día en concreto, un macguffin que ponga en marcha una trama para futuras sesiones. A lo mejor es el Día del Nombre de otra persona, incluso un PNJ, y los jugadores se ven envueltos en medio de una trama de conspiraciones. Imaginad el primer Día del Nombre del hijo de un noble importante que ha recibido amenazas desconocidas para atentar contra su vida o, por ejemplo, que el Dador de Nombres haya sido secuestrado o se encuentre enfermo y necesite ayuda para llegar a tiempo a una ceremonia importante.

Si nos centramos en la vertiente más sobrenatural, podríamos imaginar a uno de los jugadores, recibiendo visiones o sueños proféticos sobre algún nombre, o que la fecha del Día del Nombre haga las veces de Doomsday Clock para uno de los jugadores, que tenga un tiempo limitado antes de que, por ejemplo, se active una maldición de su familia que hace que todos se conviertan en licántropos el día que cumplen los 25 años.

Ganarse un Nombre

Damos un paso en cuanto a la profundidad de lo que podemos hacer con los nombres y el rol. Si antes hemos hablado del día en sí, aquí nos referimos al significado del nombre. Existen varias culturas en las que sus integrantes tienen varios nombres: el dado por los padres y el que uno se gana. Podemos imaginar a un joven goliath que tiene que pasar por unas duras pruebas ante su clan para recibir un nombre que le de la bienvenida a la vida de adulto.

El Poder de los Nombres - Goliath
Skaði, Goddess of mountains and hunt, Michele Parisi

Pero también podemos considerar los nombres como recompensas. Un buen nombre (o uno malo) es sinónimo de fama y puede ayudar mucho a los personajes y crear situaciones muy interesantes en una partida. Puede que una gran gesta conceda apodos a los personajes o a su grupo, como "matadragones", "azote de esqueletos" o "el arcano". La diferencia de estos nombres respecto a los anteriores es que estos cuentan una historia del personaje, de lo que hace, de su pasado, de sus intenciones... 

El nombre ejerce en este apartado el papel de recompensa, de objetivo para los personajes. Los nombres ganados moldean a la persona, aunque también es la persona la que los busca, con lo que la dinámica que opera en ambos sentidos está servida.

El Nombre Verdadero

La Ley de los Nombres es tremendamente poderosa. Esta ley habla del poder que se puede ejercer contra alguien si conocemos su verdadero nombre. Y aquí estamos nosotros, dando nuestros nombres a diestro y siniestro, escribiéndolos y regalándolos.

Por desgracia, los nombres verdaderos son un bien increíblemente bien custodiado. Pocas personas conocen el suyo, ya que se trata de nombres preexistentes, que ya estaban allí de siempre y que, en algún momento, compartirá un fugaz periodo de tiempo con aquello a lo que representa. Podemos imaginar una búsqueda para aprender el verdadero nombre de un diablo o un demonio, a fin de salvar a algún pobre desgraciado de un Contrato de Almas poco ventajoso. También podemos fantasear con un monje cuyo objetivo sea el autoconocimiento a fin de encontrar su nombre verdadero siguiendo el camino de la iluminación. Podemos incluso imaginar el nombre de un antiguo dios, ya muerto, que está esperando a que alguien lo encuentre y reclame parte de su poder. 

Los nombres verdaderos son algo muy importante y, casi podríamos decir, mortal de necesidad. Dan poder a quienes los conocen, los hay que pagarían enormes sumas de dinero por conocer el nombre verdadero de sus rivales, o bien el suyo propio, ya que creen que eso les proporcionaría un enorme poder. ¿Os imagináis que en algún lugar exista un coleccionista de nombres, que los atesore y conserve sólo por el deleite de saber que están ahí? ¿Y si obtiene estos nombres de forma ilícita, robándoselos a su s verdaderos dueños?

En definitiva. Los nombres, eso que ponemos en la parte de arriba de la ficha de personaje, son mucho más que un conjunto de letras y fonemas. Estamos hablando de autonocimiento, magia, mística, control, poder, dominación, descubrimiento, iluminación... En definitiva, de grandes aventuras que llevan siempre a un crecimiento de los personajes y de la gran historia que estáis contando todos juntos.



Comentarios